24 de mayo de 2009

Miguel de Cervantes Saavedra | Alcalá de Henares, 1547-Madrid, 1616

Nada en la vida de santa Teresa (o Teresa de Jesús, o Teresa de Cepeda y Ahumada; alguien que puede responder con verdad a todos esos nombres debe ser por fuerza singular), nada, como digo, en su vida fue corriente, ni siquiera su muerte, ya que tuvo la rareza de fallecer en la noche del 4 al 15 de octubre de 1582, aunque no por propia elección, desde luego.

Fue esa madrugada la elegida por el papa Gregorio XIII para introducir el calendario llamado "gregoriano" (por el que hoy nos regimos) en sustitución del "juliano", vigente entonces desde que Julio César lo instaurara en el año 46 a. C., y modificado en el Concilio de Nicea, en el 325.

El calendario "juliano" establecía un año bisiesto cada cuatro y consideraba que el año trópico estaba constituido por 365,25 días, mientras que la cifra correcta es de 365,242189, o lo que es lo mismo, 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos. Esos más de 11 minutos contados adicionalmente en cada año habían supuesto en los 1257 años que mediaban entre 325 y 1582 un error acumulado de unos 10 días. Asesorado por los matemáticos de la Universidad de Salamanca, el papa Gregorio decidió eliminar once días en la noche en que falleció Teresa de Jesús.

Paso por alto los traslados y desmembramientos (el brazo "incorrupto" de santa Teresa, que Franco conservó en una urna que todavía enseñan en El Pardo) que sufrió su cuerpo.

Me importa la fecha de 1614, en que se la nombró Beata: con motivo de ese honor, se celebraron en Madrid una justas poéticas en las que venció Cervantes con un poema largo y desustanciado (¿cómo serían los demás?), del que, para no aburrir, ofrezco solo el fragmento final.




...





[A LOS ÉXTASIS DE NUESTRA MADRE TERESA DE JESÚS]
Ahora, pues, que al cielo te retiras,
menospreciando la mortal riqueza
en la inmortalidad que siempre dura,
y el visorrey de Dios nos da certeza
que sin enigma y sin espejo miras
de Dios la incomparable hermosura,
colma nuestra ventura:
oye, devota y pía,
los balidos que envía
el rebaño infinito que creaste
cuando del suelo al cielo el vuelo alzaste,
que no porque dejaste nuestra vida
la caridad dejaste,
que en los cielos está más extendida.

Canción, de ser humilde has de preciarte
cuando quieras al cielo levantarte,
que tiene la humildad naturaleza
de ser el todo y parte
de alzar al cielo la mortal bajeza.

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Melusina nació como un divertimento que envío cada semana a mis amigos, desde 2002. Es muy simple: un texto mío que introduce a una poesía que, en teoría, tiene que ver con el texto. Lo más importante: ¿por qué 'Melusina'? Si te interesa saberlo, lo mejor es que leas el libro "El unicornio" de Manuel Mújica Láinez, que lo explica mucho mejor que yo.