5 de abril de 2009

lágrimas

Veo la película documental 'Decile a Mario que no vuelva', del director uruguayo Mario Handler, en la que se recoge una serie de declaraciones sobre la dictadura militar que durante trece años dominó al país, y sobre sus consecuencias también.

Algunas cuestiones no nos serían ajenas a nosotros, igualmente hijos y nietos de un régimen dictatorial. En esta película hablan verdugos, víctimas, policías, torturadores, hijos de represaliados, aunque predominan las gentes de la izquierda política.

Un torturador (¿podría llamársele de otra manera si ha torturado, y en función de tal actividad aparece en la película? ¿deja un torturador de serlo por el hecho de abandonar el ejercicio activo de la tortura? ¿deja la tortura en el que la ejerce las mismas hondas huellas que en quien sufre la vejación?) narra las palizas, como si fueran hazañas del servicio militar; una mujer dice, casi de pasada, que fue violada por los soldados en la prisión; otro confiesa que prefería mil veces la 'picana' a la horrible sensación de asfixia y ahogo de lo que llama el 'tacho'; otro insiste en relatar hechos vergonzantes de humillación.

Todos ellos lo hacen con voz clara y firme (a veces no muy alta, pero firme en cualquier caso), sin titubeos, tanto los represores (cínicos, siniestros) como los represaliados.

Quizá las durísimas experiencias sufridas les hayan secado las fuentes de las lágrimas, no lo sé, pero lo cierto es que el único que llora, el único que se tiene que secar las lágrimas es un hombre homosexual que no sufrió torturas ni cárcel, que llora ahora por los rastros arrasadores que la dictadura dejó en el país, y que se advierten aún hoy.

Como escribió Pablo Guerrero (cito de memoria): 'las ondas de la piedra arrojada al lago no acaban en la orilla'. Me pregunto si se detienen alguna vez o si las lágrimas que todos lloramos en ocasiones no serán, en parte, debidas al abultado bagaje de guerras, sangre y destrucción que acarreamos en la sangre desde el principio mismo de nuestra historia atribulada.

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Melusina nació como un divertimento que envío cada semana a mis amigos, desde 2002. Es muy simple: un texto mío que introduce a una poesía que, en teoría, tiene que ver con el texto. Lo más importante: ¿por qué 'Melusina'? Si te interesa saberlo, lo mejor es que leas el libro "El unicornio" de Manuel Mújica Láinez, que lo explica mucho mejor que yo.