Y el fuego puso también de manifiesto la también histórica venalidad del estado helénico, tan joven: corrupto e ineficaz, y gobernado por una partido conservador que no dudó en echar mano de las teorías conspiratorias para justificar su incapacidad.
La parte de griego que hay en mi se estremeció ante ese escenario de llamas candentes: me he acordado, cómo no, de la música incomparable de Haris Alexíou y, desde luego, de los lugares simbólicos que han sido cercados por las llamas.
La fuerza que aún hoy conservan esos símbolos es tan formidable, y su poder de sugestión tanto, que llevó a las autoridades helenas a cometer el error de atender antes a su salvación que a la de los pueblos vecinos, olvidando una de las pocas verdades universales: ni el más valioso de los monumentos vale lo que la vida humana menos valiosa.
Ahora debiera tratar de dilucidar cuál sea esa vida humana menos valiosa, pero sabiendo que los humanos tendemos a igualarnos por lo bajo, prefiero no adentrarme por ese riesgoso sendero, o quizá es que no tengo la valentía suficiente para ello.
Pero quería decir solo que me dolió Grecia. Y que feliz verano.
...
Predrag Matvejevic / Mostar, ex Yugoslavia, 1932
[FRAGMENTO] / Del libro ‘Breviario mediterráneo’, p. 191
"Los griegos tenían varios términos para el mar: háls es la sal, el mar como materia; pélagos es la alta mar, el mar como escenario; póntos es el mar como extensión y camino; thálassa es un término general (de origen desconocido, tal vez cretense): el mar como experiencia o suceso; kólpos significa seno o amparo, indicando así aquella parte del mar que abraza la costa: bahía o golfo; laitma es la profundidad marina, tan querida por poetas y suicidas. En los textos de poetas y narradores ilustres estos términos se juntan y vinculan, y compuestos así, multiplican sus propios significados: materia-presencia, profundidad-extensión, camino-alta mar, escena-acontecimiento, y así hasta el infinito, al igual que las visiones del mar que se completan e interpenetran. Todo esto nos restituye la abundancia y la riqueza de las experiencias que los griegos adquirieron viviendo junto al Mediterraneo y navegando por él."
Bernhard Schlink / Bielefeld, Alemania, 1944
[FRAGMENTO] / Del libro ‘El lector’, p. 171
"Por entonces releí la 'Odisea', que había leído por primera vez en bachillerato, y que recordaba como la historia de un regreso. Pero no es la historia de un regreso. Los griegos, que sabían que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, no creían en el regreso, por supuesto. Ulises no regresa para quedarse, sino para volver a zarpar. La 'Odisea' es la historia de un movimiento, con objetivo y sin él al mismo tiempo, provechoso e inútil. [...]"
Donna Leon / Nueva Jersey, EE.UU., 1942
[FRAGMENTO] / Del libro ‘La chica de sus sueños’, p. 131
"Esos griegos sabían de las cosas. Sabían de la compasión y sabían más aún de la venganza. Y sabían que la diosa Fortuna danzaba sin ton ni son de un lado al otro. Y sabían que nadie es siempre afortunado."
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