Y a mi, lo que me sorprende es la sorpresa, porque ¿desde cuándo se espera que un obispo sea buena persona?
Este tal Williamson (al que envío mi humilde desprecio), libre ya de la excomunión, se va a integrar en un gremio, el de los obispos, que, salvo excepciones, se caracteriza por una casi total falta de humanidad, por una soberbia intelectual supina, y por tener, entre otras cosas, los oídos tapiados a lo que no sea su propia meliflua voz.
Es decir, que monseñor Williamson, en mi pequeña y probablemente equivocada opinión, es perfectamente homologable a nuestros familiares y cercanos Rouco Varela, Blasco, Cañizares, Camino y otros así, cuyos virtudes están tan escondidas bajo las relucientes dalmáticas doradas.
No quiero pintarlo tan feo; hay siempre excepciones, desde luego, pero pocas y por ello, muy meritorias; es decir, que a poco que un obispo se proponga ser buena persona, acaba en santo o los demás se lo ventilan, o ambas cosas, que en el Reino de los Cielos nada es incompatible (y todo es infalible, no lo olviden ustedes).
...
CLASE DE CATECISMO / Del libro ‘Jesucristo en el closet’
En el primer día el hombre creó a Dios
a la medida de su esperanza.
En el segundo
para festejar la nueva criatura
sembró las mariposas y los astros.
Al tercer día
Dios comenzó a crecer más allá de lo previsto
y al cuarto nació el diálogo.
Se desató la violencia al quinto día,
al sexto las guerras y catástrofes
presidieron los actos seculares.
En el séptimo día el hombre descansó
y los creyentes comenzaron a vender
las acciones del Vaticano.
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