Pablo Guerrero, cuya canción 'A cantaros' allá por 1972, se convirtió en himno de los que perseguían utopías en tiempos adversos (y, ¿cuándo no son adversos los tiempos?). Desde entonces lleva trabajando para sí y para otros, con un trabajo callado, porque Pablo Guerrero pertenece a la rara estirpe de hombres y mujeres que han descubierto que la verdadera sabiduría de la vida consiste en tender hacia la nada, conscientes de que esa tendencia es imposible y es también suicida, es decir, es una utopía más en tiempos adversos.
Desde aquellos primeros tiempos, su música se
ha ido despojando de arreglos superfluos, de ligerezas, y su voz ha entrado en el terreno misterioso del susurro, entre la voz y el silencio. Y también su poesía discurre por el mismo camino delicado.Celebro el premio, porque él, el maestro, es una de esas utopías que hacen llevaderas las jornadas.
...
Sólo aspiro a tener este minúsculo
conocimiento, el de saber
cuándo las ramas y los hombres
se inclinan porque lloran
y cuándo se inclinan porque dudan
de dar su fidelidad a la tierra
o al viento
fecundo de la tarde.
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