Por eso también jugamos con el lenguaje, incluso aunque no reparemos en ello. Lo hacemos a diario con las entonaciones, con los alargamientos humorísticos o malintencionados de palabras, con las abreviaturas, los motes y los hipocorísticos, los dobles significados, los anacolutos, y los silencios, las metáforas.
Tengo unas cuantas poesías que juegan con el lenguaje (bien pensado, ¿no lo hacen todas?) y las iré haciendo desfilar por aquí antes o después, como han ido saliendo otras.
Debuto con un poema de Agustín García Calvo, que me recuerda que tengo pendiente hablar aquí de Carmen Martín Gayte y de Chicho Sánchez Ferlosio (de su hermano Rafael ya lo hecho en más de una ocasión)
Chao.
...
DON DIN
Don din, din dan. Ya.
La gracia nevando,
el puerco sangrando,
la perla temblando,
la llama llamando,
y el chantre cantando
y el ama amasando:
nevando
la gracia en la ciudad
sin fe.
¿Dónde, dónde, dónde fue?
Pues aquí;
pues allá.
No sé.
Pero ¿qué más da?:
La luna rocío,
el sol su sed;
el rico oro,
el pobre palidez.
Eh, eh.
Ah, ah.
Uno sólo tiene
aquello que da.
Don din, din dan. Ya.
Nacida la vida,
la peña florida,
la loba dormida,
la casa caída,
la leche vertida,
la cierva parida:
la vida
nacida de la mar
sin fe.
¿Cómo, cómo, cómo fue?
Pues así;
pues asá.
No sé.
Pero ¿qué más da?:
Tristeza el espejo,
los ojos miel;
amor el hombre,
justicia la mujer.
Eh, eh.
Ah, ah.
Lo que olvide uno
todo eso sabrá.
Don din, din dan. Ya.
La grana granada,
el alba alborada,
la mora morada,
la pólvora helada,
la carne encarnada,
la sombra asombrada,
granada
la grana de la paz
sin fe.
¿Cuándo, cuándo, cuándo fue?
Pues ayer;
pues será...
No sé.
Pero ¿qué más da?:
La cal delirio,
el vino pez;
el reo cáñamo
y terciopelo el juez.
Eh, eh.
Ah, ah.
Cuando muera el alma,
alguien nacerá.
Don din, din dan. Ya.
La muerte muriendo
y el río riendo
y el papa paciendo
y el nardo nardiendo
y el rojo rugiendo
y el lirio liriendo
y el credo creyendo
y Adán sin atuendo
de estrella en estruendo
reverdinaciendo:
muriendo,
muriendo la fidelidad
sin fe.
¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Qué?
Te diré:
pues verás:
no sé.
Pero ¿qué más da,
eh?
Ah,
todo lo que esperes,
jamás lo verás.
Don din, din dan,
din don dan.
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