Pues, ¿quién, cada jornada, una tras otra, podría sufrir sin desgarro el pespunte chirriante del gallo, ese canto terrible que es como una laceración, como un látigo en las horas más frías y más desamparadas de la noche, una inquisión, una admonición?
Si tuviera un corral, una casa en un pueblo, habría que darle su lugar al gallo, pues qué culpa tiene él de ser el heraldo de la traición, o de culminar con su figura de veleta las torres de las iglesias en esta tierra cristiana nuestra.¿Qué culpa tiene él y quién es uno para evitarlo si no lo evita el alba, si cada amanecer lo estrena el gallo con su insidia sonora?, ¿qué alma podría prescindir de esa cautela, de ese bordón, de ese "Pepito Grillo" de la naturaleza?
Y ¿quién me contesta a mi esta ristra de preguntas delirantes a estas horas de prima mañana? ¿quién?
...
[SIN TÍTULO] / Poema en sánscrito con el que Juan Ramón Jiménez da comienzo a su libro ‘Diario de un poeta recién casado’
¡Cuida bien de este día!
Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura.
El día de ayer no es sino un sueño y el de mañana es sólo una visión.
Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad
y de cada mañana una visión de esperanza.
¡Cuida bien, pues, de este día!"
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