Podría amanecer más temprano por mucho madrugar, y podríamos creer que la seda hace de la mona otra cosa, como para la Cenicienta una calabaza se tornó en carroza. Y si no pesaran los quilos, ni tampoco los años, y si el norte fuera el sur...
Acaso podría soplar el cierzo como el austro, y que tuviéramos el don de las lenguas y hacer de este mundo una Babel de colores. Quizá; o quizá todo eso fuera distinto pero igual y debamos entonces conformarnos con el espectáculo sublime y terrible de esta "estranha forma de vida", como dice el fado, este espectáculo en el que no hay puerta excusada, ni trampantojo disimulado en los suntuosos frescos pintados, por la que hacer mutis.
O sí, hay una puerta, la que lleva a la muerte, pero no suele atravesarse a voluntad y, una vez que se atraviesa, no tiene retorno.
Así que tiene razón Ricardo Arjona, cuando canta:
"Si el norte fuera el sur sería la misma porquería y esta canción no existiría".
...
[FRAGMENTO] Del libro ‘El rapto de las Sabinas’. Destino, 2002. P. 133
(...) Pensaba en la vida, en lo que es esta extraña zarabanda, este inesperado convite, este gilipollear sobre tantas cuerdas, ante tantos vientos y sobre tan numerosas y variables olas. Y, ¿cómo no?, añoró a su amigo Braulio el filósofo, que ahora, a buen seguro, en la soledad de su casa enorme, andaría cacharreando y masticando en voz baja sus importante reflexiones. A la hora de la verdad, sólo puede asirse uno a la razón de un buen amigo, a la existencia de un hombre o de un libro singular... Todo lo demás... ¡Ay, leche, qué vida ésta!
No hay comentarios:
Publicar un comentario