Las noticias de las llamas me encuentran en estado de perplejidad ante un atlas: en Tierra de Campos, en Castilla, la toponimia es reveladora: Sequeriza, Seco, Secarejo, Secarro, Secarrón, Secastilla, referidos a lomas, caminos, ríos, ¡hasta 23 ríos Secos y Sequillos!.
Aumentando en gradación encontramos el río Sed, y ya definitivamente el arroyo Muerto, que naturalmente solo puede aludir a la corriente de agua que existió, quiero decir que tal denominación ya solo puede ser una pura recordación, una entelequía, un fósil de la toponimia.
Creo que ambas referencias casan bien: el incendio de una tierra y la sequedad de la otra, como si ambas fueran fases de un mismo proceso, de una misma sequedad y deshidratación, avisos para navegantes, o acaso avisos sin más, ya que los navegantes parecen haber perdido el arte de navegar.
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CALLE ARISTOTELOUS
Sábado por la tarde y acetileno
en la calle Aristotelous donde envejecemos.
Me saqué del bolsillo mondas amargas de mandarina
y te las restregué en los ojos hasta irritártelos.
Jugaban los pequeños a policías y ladrones
y el jefe era Argiró
y surgían hogueras en las calles altas
altas hogueras para celebrar la noche de San Juan.
Los viejos soldados medio ebrios se apearon los kepis,
la plaza se llenó de policías y ladrones
y había en lo alto una luna verde, verde,
que nos acuchillaba amargamente el corazón.
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