Mi camino me obligaba a rodear al hombre y así pude descubrir lo que hacía realmente: con un rotulador grueso de color rojo, en temblonas letras de tamaño medio, tenía escritos o por escribir todos los árboles de la glorieta con dos frases: 'Dios existe' y 'Dios es amor'. Me sorprendí más que si lo hubiera visto orinando en pleno jardín.
Era mediodía, yo había madrugado y dios no se me había ni pasado por la antecámara del cerebro, como dice Andrea Camilleri; en cambio, aquel señor se había desayunado, se había vestido y aseado, y con sus lapiceros en ristre había salido a rotular todos los árboles de la avenida, según pude ir comprobando a medida que seguía mi paseo.
Yo no creo que exista dios, y por tanto, no creo que sea amor o que sea odio, y tampoco creo, ni me fío, de sus representantes. Nadie tiene la culpa de la pretendida existencia de dios: ni el anciano ni los falsos plátanos sobre cuya corteza pintaba tan afirmativo mensaje; pero la Iglesia Católica lleva siglos amenazándonos con esa pretendida existencia divina como si fuera una losa, y desde luego a ese pobre viejo la losa le ha reventado las entendederas, con todos mis respetos.
Estos de la losa se vuelven a manifestar un día de estos, ahora contra el aborto.
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ME ENCANTA DIOS
Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe de manos.
Nos ha enviado algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo-, la vida, sea para siempre.
Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang....Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes.
A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso, que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los antibióticos- ¡bacterias mutantes!
Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble.
Mueve una mano y hace el mar, y mueve otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento.
Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia -se agita y crece- cuando Dios se aleja.
Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de la luz, el manantial que soy.
A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.
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